A LA MIERDA

De - Roberto Hoyo.  Embajador teatral valenciano en París.


Estoy cagando en la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia. 


Primero vamos a hacer un ejercicio de eliminar la absurda vulgaridad que se le atribuye a este acto y vamos a verlo como un momento de paz, como un momento en el cual nos expresamos orgánicamente basándonos en lo que tenemos en el interior. Pido que tengamos la suficiente sensibilidad como para valorar el cagar como precedente del arte: ritual, purificador, inherente a la vida, con su proceso y su resultado. Porque el proceso teatral no es bonito, es más bien crudo. Y el resultado, viendo todo el público que tenemos, parece que tampoco es muy vistoso. 

Estoy diciendo sencillamente que para valorar el arte hay que valorar más el rito que supone cagar y, precisamente hoy, en la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia, no hay papel. No es eso de que no hay papeles pequeños, que tanto se dice en nuestro oficio, es que no queda papel en ninguno de los tres pisos. 

¿Qué teatro vamos a hacer si no hacemos bien ni lo más básico? Y no es solo cuestión de que haya o no haya papel, es que el papel que hay, cuando lo hay, es malo, y de tanto limpiarnos el culo con mal papel, al final el ano se nos irrita y nos sangra.
No sé si os habéis detenido alguna vez a mirar el ojete de un alumno de la ESADV, pero os aseguro que la mera contemplación de mi ojete o el de mis compañeros explicaría muchas cosas del panorama teatral valenciano. No tenemos culos dignos. A saber cuántos años hace que los baños de la ESAD no catan un Scottex. Porque, por más que me esfuerce, no consigo imaginarme el culo de DiCaprio, Tom Hardy, ni siquiera el de Morgan Freeman con una pequeña fisura, a pesar de que lo tengan pelado de actuar. 

La mayoría no sabemos qué es lo que falla en nuestro gremio, solo sentimos una ligera sensación de desesperanza y desasosiego, como una voz que nos dice que no estamos haciendo lo correcto. Lo entiendo, es difícil apreciar que tenemos el colon irritado, ese es el problema, pero sí que nos es familiar la sensación de enlazar un mal pase con otro, de sentirnos desubicados, de que el personaje quiera venir hacia nosotros pero nosotros no estamos para hostias. Y no solo somos los actores, también los profesores en sus baños de profesores se raspan las retaguardias. Es la pescadilla que se muerde el ojete. 
Estoy cansado de oír que tal obra es una mierda, que qué mierda de montaje..., eso es obvio, claro que son una mierda, porque se trata del resultado de un proceso humano fruto de lo que se han nutrido nuestros artistas; es metafóricamente una mierda. Ahora bien, hay mierdas y mierdas. ¿Qué preferís: un truño que sale con dolor y lo padece tanto el que lo hace como el que lo ve o una cagada agradable (también conocida como perfect por las nuevas generaciones)? 

Creo que todos lo tenemos claro. Primero los culos y después el teatro. Dejemos de vernos por encima de la mierda y vamos a valorar las cosas como se merecen. No pedimos mucha mierda, pedimos buena mierda. 

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