CRÍTICA "LA VALENTÍA" DE ALFREDO SANZOL


De - Bululú

(31/01/2019. TEATRO PRINCIPAL DE VALENCIA)  

Frente a la vieja casa familiar, donde en su día hubo un hermoso y amplio jardín, hoy hay una autopista. De las dos hermanas que han heredado la vivienda, una quiere venderla y la otra no. Trini, una de las hermanas, está convencida de que no tiene sentido gastar dinero para mantener una casa donde es imposible vivir en paz. Sin embargo, Guada está decidida a pasar allí el invierno, a pesar del ruido infinito de los coches en la carretera.

Dado que Guada está empecinada en quedarse, Trini decide llamar a los Hermanos Espectro; dos individuos que se dedican a desalojar casas asustando a la gente. Dado que Trini no quiere poner dinero para la reforma, Guada decide alquilar dos habitaciones en Airbnb. Habitaciones que, al instante, ocupan Martín y Martina, dos extraños  e inquietantes personajes.
Ya está montada la traca. Comedia, comedia ligera, comedia de efecto o vodevil. Llámenlo como quieran llamarlo. Sanzol, del que tanto festejé “La Ternura”, lo ha vuelto a hacer. Sencillamente no hicimos otra cosa que reírnos. Y que difícil es juntarnos, tan diferentes todos, en una sola risa.

Del reparto destaco a Francesco Carril, que hacía un Martín del que uno no podía apartar los ojos. A su vez los Hermanos Espectro, Jesús Barranco y Font García, nos aseguraron unas buenas risas. De Natalia Huarte, dado que arranca tan maravillosamente, esperaba más. Quizás las exigencias del papel le impidieron dar lo mejor. Los dos personajes principales, Inma Cuevas y Estefania de los Santos, a mi entender, empezaron un poco subidas. Sin embargo, y para gozo de todos, ambas fueron encontrando su sitio. En el caso de Estefania de los Santos ese encontrar su sitio se tradujo en una bella rareza en el gesto.

De la escenografía de Fernando Sánchez Cabezudo me quedo con la versatilidad. La idea en que se basa el diseño escénico, la constante transformación del espacio a través de las paredes  móviles de la casa, me parece excelente. Además, la cualidad traslúcida de estas paredes provocaba sombras que Pedro Yagüe supo aprovechar muy bien en su diseño de la iluminación. Sin embargo, en ocasiones me resultaba, y así pude constatarlo con los que me acompañaban, difícil situar con claridad el lugar físico donde se desarrollaban algunas acciones de la obra. Una pena dado lo interesante que resulta la idea que justifica este aspecto de la pieza.



En resumidas cuentas, una comedia fresca y divertida que mantiene la fama de Alfredo Sanzol en el sitio que le corresponde. Lamentablemente no es tan buena como “La Ternura”, pero lo milagros que sujetan la fe, no ocurren todos los días.

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